ENTRADA 1: un vitalismo audiovisual
Antes de empezar, la película de la que más habla este texto es The Black Tower (1987), y pueden verla aquí (son solo unos 24 minutos).
Qué depresión tener ese nombre, debe ser como llamarse Juan Pérez o algo así. Anodino. Pero lo más visajoso es que el tipo es extraordinario.
¿Cómo llegué a él? No recuerdo, algún devaneo por el algoritmo, alguna referencia vista en un artículo, una recomendación de alguien. El tipo hace cine de “vanguardia” y luego de preguntar y buscar por internet me di cuenta de que es bien desconocido.
Lo primero que vi fue The black tower (1987). Entre tantas cosas en las que me hizo pensar, la principal fue la de experimentar con la imagen y su antagonismo con las estructuras narrativas. Por supuesto, a estas alturas, se puede pensar en mil nombres de películas que integran las dos cosas. Se puede caer en el tópico de que es una discusión zanjada, así como la discusión sobre la división de géneros, la objetividad de la imagen, la subjetividad detrás de la cámara y un largo etc. Ese es el sesgo que se crea uno luego de meterse por mucho tiempo a estudiar sobre el asunto y crear un círculo de personas con los mismos intereses. Pero basta meterse una pasadita por los productos audiovisuales masivos, hablar con una cuanta gente que no se interrogue mucho por el audiovisual que consume, para darse cuenta de que estos mitos sobre los que se organiza la producción y circulación audiovisual siguen vigentes, porque cuando despertamos, la industria todavía estaba allí.
Y es que todos tuvimos una educación audiovisual donde prima lo narrativo, por lo que ver otro tipo de cine es un hábito que se adquiere posteriormente no con cierta disciplina que a veces resulta difícil. No es algo tan espontáneo ver a John Smith, por ejemplo. Porque somos seres narrativos, ¡qué se le puede hacer! O tal vez no lo han hecho creer más de lo que es. No, no somos solo seres narrativos. Por eso con este tipo de escrituras quisiera tratar de resolver esas lejanías y propiciar cercanías de otros tipos. ¿De verdad solo podemos aspirar a generar nichos de consumo? Y como todo nicho de consumo necesita cierta categorización de los consumidores, entonces, ¿qué soy yo al ver a John Smith? ¿Qué soy yo al interesarme por eso que llaman “cine de vanguardia”, que al parecer es un basurero donde se puede ir a botar todo lo que no responde a ciertas normas de producción audiovisual? Este no es un texto de declaración de principio (aunque quizá es una parte de ese texto), pero lo único que quiero terminar diciendo es que al ser seres audiovisuales podemos propender por la expansión de la experiencia. Un vitalismo audiovisual. Una mirada anárquica.
Y no creo que esto suene utópico, todo lo contrario. Creo que las lejanías que antes teníamos con la imagen han ido desapareciendo cada vez más. Nuestra mirada —y eso implica nuestra atención— ya ha sido fragmentada por el uso diario de nuestros celulares. Ya no hay un orden lo suficientemente evidente que determine nuestros minutos de observación de imágenes. Y si es así, ¿por qué no se puede pensar que podemos ser espectadores radicalmente diferentes, es decir pobladores de unos nuevos territorios de imágenes?
Caemos entonces en una enajenación de la mirada que no nos permite salir de ciertos límites de nuestra experiencia audiovisual. La mayoría de las veces nos resulta un suplicio ver una película que nos despoje de un soporte narrativo sobre el cual nuestra atención se pueda posar. A primera vista podría pensarse algo así de John Smith, pero al contrario: es un tipo bien agradable y gracioso. No es realmente aburrido una vez uno ha superado el automatismo de la mirada. Y esto es porque este man logra integrar una profunda y decidida exploración del material visual y sonoro en estructuras narrativas, y todo mezclado con mucho humor, porque a simple vista esto puede parecer muy serio y pesado, pero no lo es. La narración es también una forma de exploración verbal y el contacto entre palabras, sonidos, música, imágenes estáticas e imágenes en movimiento le ha permitido hacer como 60 películas en las que siempre se descubre algo nuevo. Por eso me impactó tanto The Black Tower. Anonadado quedé. Fue inevitable buscar más películas de él, las cuales, para sorpresa, no son difíciles de conseguir. En YouTube pueden verse varias sin problema.
Pero ¿quién putas es John Smith? Busco en internet y es difícil encontrar algo en español. La única entrada en Wikipedia es en inglés:
John Smith (born 1952, Walthamstow, England) is a British avant-garde filmmaker noted for his use of humour in exploring various themes that often play upon the film spectator’s conditioned assumptions of the medium.
His film The Girl Chewing Gum has been called one of the most important avant-garde films of the 20th century.
Dice que hizo una de las películas de vanguardia más importante del siglo XX (The Girl Chewing Gum, 1976) y aun así el tipo es muy desconocido. Parece que no a mucha gente le importa John Smith. Smith, John. John Smith. Pero eso acá es irrelevante. Anodino.
A mí me importas, John, mucho. Eso no quiere decir que esto va a ser un esfuerzo por señalar y decir: miren cómo es de importante John Smith. Tu trabajo, antes que nada, me importa a mí (y no solo como «espectador») y, en últimas, esto no es más que escritura.
John Smith empieza a hacer películas en los 70. Desde sus inicios se acerca al arte conceptual y a un movimiento que fue bautizado como “cine estructural”. En este tipo de películas lo que importa es la experimentación con la imagen como materialidad en relación con estructuras rítmicas. Su centro es la exploración de patrones rítmicos, la reiteración de estructuras simples que determinan la organización de imágenes y sonidos (por eso las películas de Smith están llenas de loops).
Pero no vamos a hacer historiografía acá. Para acortar camino voy a lanzar mi impresión de una vez: Smith experimenta incansablemente con la imagen y los sonidos de una manera muy compleja y, valga la obviedad, con el montaje que puede resignificar de maneras infinitas el material utilizado. A la cabeza se nos puede venir secuencias inconexas de imágenes, una especie de libertinaje visual que tiene alguna propuesta abstracta detrás que hay que desentrañar, pero, por el contrario, Smith logra ir más allá de la abstracción del cine estructural y en muchas de sus películas introducir estructuras narrativas.
Establecer estas relaciones requiere de recursos bien complejos. En el caso de The Black Tower una voz en off nos narra un episodio de locura que empieza con una visión extraña: un día cualquiera una torre negra aparece cerca de la casa del protagonista. Esa misma estructura empieza a aparecer en muchas otras partes de la ciudad. Pasan unos días y en la mitad de la película el hombre empieza a sospechar de la existencia real de esas torres. No tarda en darse cuenta, hablando con otras personas, de que solo él puede verla. Viene entonces la progresiva locura: ese cubo negro empieza a asediarlo por todas partes. Pero hay otro lugar donde se le aparece: en sus pesadillas. Parece entonces que esta presencia es una proyección de una angustia abstracta. Aquí podría hacerse cientos de especulaciones psicoanalíticas, pero son irrelevantes. El relato de este descendimiento a la locura es atrapante. Pero no es solo el relato el que fascina sino la forma visual que adquiere.
[Abran las imágenes para verlas a color]



La película está construida con pequeñas tomas fijas de la ciudad en las que vemos el cubo negro y algunas tomas más cerradas de la rutina del hombre, que en sí misma son anodinas: una mano que deja una taza recién lavada sobre un mesón, una cama vacía, una ventana (sin contar la cantidad de tiempo en que la pantalla esta negra e incluso a veces adquiere colores planos: rojo, café, amarillo). Todo este material visual hace eco con la narración, muchas veces de manera explícita, pero la progresión narrativa no se da en estas imágenes sino solamente en el relato verbal. Esto no quiere decir que las imágenes se subordinen y sean solo un apoyo visual. Por supuesto, la imagen le da textura, colores, formas, imágenes concretas a este relato (el cubo negro en su presencia abstracta y demencial aparece en la pantalla para nosotros), pero también tienen una dimensión abstracta que no es muy clara y que crea otra forma de experimentar la relación narración-sonidos-imágenes, lo que incluye la introducción de patrones rítmicos. También hay que anotar que los sonidos ambiente son esenciales para sumergirnos en el mundo de esta ficción y muchas veces ellos solos sostienen la narración y la palabra y la imagen pasan a un segundo plano (la pantalla se queda en negro y la voz se calla y continuamos con estos sonidos cotidianos).






Esta estructura de imágenes fragmentarias, que sin la voz en off solo seria un discurrir de imágenes sin sentido, permite la interacción entre pequeños movimientos, entre unidades de movimiento aislados que construyen un universo animista extraño. Sin embargo, estas unidades de movimiento a veces no son dadas por la realidad que es registrada. Y aquí es donde Smith es genial porque hace algo muy sencillo que es jugar con ese aparatico que tiene en las manos. El movimiento no lo tiene que dar el mundo, sino que la cámara y el montaje puede animar el mundo con movimientos artificiosos y hacer surgir una orgia animista de objetos, personas, patrones, texturas que es gozoso, chistoso, estúpido, admirable.

John Smith busca alterar el mundo. Desordenar el mundo. Y es como si las cosas adquirieran otra extraña vida que se mantenía oculta. Vertov decía que el mundo moderno (lleno de máquinas y de sus movimientos) era un caos que la cámara nos podía ayudar a organizar. Smith hace lo contrario.
Mi primer acercamiento a John Smith fue The Black Tower. Sus otras películas me han mostrado que su obsesión de experimentación van a la naturaleza misma del audiovisual. Cada una de sus películas puede decir algo nuevo al respecto. Por eso en las siguientes entregas quiero pensar con más detenimiento esa escuela audiovisual que puede ser John Smith en cosas como: el fotograma como unidad material, los patrones rítmicos como montaje, el movimiento artificial producto del montaje, los micromovimientos, el sonido y lo que está fuera del plano, la materialidad del sonido…
(Próximamente, la entrega 2: de cómo John Smith es John Smith)



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