¿De qué va esto?
Es el comienzo de una serie dedicada al trabajo de Camilo Restrepo, artista plástico y director de cine de Medellín que vive desde hace más de 20 años en París, pero cuyas películas siempre son un retorno a su ciudad natal. En su filmografía se cuentan 5 cortometrajes y un largometraje, para un total de 151 minutos.
- Tropic Pocket (2011) – 12 min
- Como crece la sombra cuando el sol declina (2014) – 11 min
- La impresión de una guerra (2015) – 26 min
- Cilaos (2016) – 13 min
- La Bouche (2017) – 19 min
- Los conductos (2020) – 70 min
Solo 151 minutos que han sido suficientes para crear chimba de trabajo que tiene muchas pistas, ecos, respuestas a lo que creemos que son las potencias del cine como espacio cultural fértil y no como «industria cultural» (toda esa mercancía que día a día nos quieren meter por los ojos). Es más, creo que estoy siendo un poco parco: Restrepo es quizá el director colombiano más fascinante en la actualidad. Ver sus películas siempre ha sido un: qué gonorrea, todo lo que se puede hacer, todas las posibilidades que ofrece un espacio al que se le ha dado por muerto quién sabe cuántas veces (ridículos 😒) y que ha tomado rumbos (creado topografías) terriblemente reaccionarias, uno de los espacios donde más se ha creado el mundo de hoy (donde se han creado todas estas imágenes pobres del mundo de hoy).
Las películas de Restrepo son de esas en las que uno queda deslumbrado con lo inesperado, sorprendido en medio del tedio audiovisual. Pero este no es el des-lumbramiento del 5k sino de la potencia que yace en la imagen pobre. Y no es porque Restrepo grabe en viejos formatos como el 36 mm o el super 8, digo pobre en contravía de la falsa sofisticación tecnológica que nos venden como el mayor valor de la mercancía audiovisual.
Y no me refiero solo a las tecnologías usadas: uno de los asuntos centrales del trabajo de Restrepo es una economía de la imagen en varios niveles: ¿qué se necesita para producir imágenes?, ¿cómo se produce imágenes desde la precariedad?, ¿cómo se hacen películas en territorios precarios más allá de constatar —para vender— la pobreza? (la pornomiseria, pues). En últimas, desde acá, desde el sur, ¿cómo producimos nuestras propias imágenes saliendo de la lógica de una «competencia de mercado»?
Como esto es apenas una presentación, voy a tirar una idea que se quiere desarrollar en cada una de las entradas posteriores. Hay un término que puede ser pensado como concepto estético para dar respuesta a estas preguntas sobre la economía de la imagen: lo hechizo1.



Los conductos (2020) / La impresión de una guerra (2015) / Como crece la sombra cuando esl sol declina (2014)
La palabra “hechizo” en su uso estándar está asociado a la magia: un hechizo (como sustantivo) es un acto de magia que busca producir un efecto sobre la realidad a partir de una fuerza sobrenatural. Hechizo, usado como adjetivo para un objeto, designa algo que se hace de manera improvisada con partes de diferente origen, supliendo así la ausencia de un objeto industrialmente producido. Un objeto hechizo no está pulido y sus costuras y diferentes partes son evidentes a primera vista, es pues, un tipo de montaje. Si se mira la etimología de la palabra, podemos darnos cuenta de que guardan más relación de la que se ve a simple vista: la palabra “hechizo” viene del latín facticius que significa “no natural, artificioso, fingido”.
Y podemos hacer una asociación más a partir de este desplazamiento de significado: un objeto hechizo tiene algo de sobrenatural (si lo natural es el mundo de la mercancía donde la producción industrial determina la existencia de las cosas), y genera sin duda un efecto sobre el mundo, una modificación (trastorna una jerarquía económica). Y no solo eso, la construcción de un objeto hechizo genera sorpresa, fascinación; es decir, hablamos del fetiche. En términos materiales, parece algo mágico por ser inesperado.
Lo hechizo exige un reciclaje, una reutilización, un hurgar los desechos, un crear lo nuevo a partir de lo viejo y desechado. Ese es el gran movimiento de Restrepo: no solo reciclar tecnologías en desuso (que en últimas es trivial), sino también hacer de lo hechizo una forma de producción, un tema y una forma visual. Por eso podemos decir que el cine de Restrepo es un cine hechizo en varios niveles:
De producción: Restrepo ha hecho sus películas fuera de los circuitos que poseen los grandes presupuestos, encontrando soluciones técnicas a esta falta de recursos. Estético y formal: utiliza tecnologías en desuso, trabaja con material de archivo (reapropiación), usa el montaje asociativo (herramienta de reapropiación), filma personas y lugares periféricos. Temático y conceptual: sus temas recurrentes son la marginalidad, las marcas de la violencia, por eso la mayoría de sus imágenes son objetos, cuerpos y espacios que bien podrían ser considerados desechos o «desechables», como —además— se les suele decir a las personas que viven en la calle (bajo los criterios de lo «cinematográfico» esto no pasaría de ser considerado basura).


Los conductos (2020) / La impresión de una guerra (2015)
Todo lo anterior demuestra otra cosa: la íntima relación entre expresión y medios de producción. No es solo producir la película de una forma hechiza (resolver las limitaciones económicas para hacer una película), sino también que el resultado son imágenes atravesadas por lo hechizo (en lo que representa, en lo que expresa, en su materialidad misma).
Por ejemplo, uno de sus mayores temas es Medellín, y bajo esa lógica la ciudad se erige como una ciudad hechiza, porque, como toda ciudad latinoamericana, su crecimiento se dio bajo lógicas de precariedad. Esto significa que hemos encontrado la forma de crear nuestro propio mundo con los desechos de la modernidad (tanto la idea de progreso como un desecho, tanto las mercancías y los materiales como un desecho). Y todo eso genera un mundo particular: un mundo lleno de cosas a medio hacer, un mundo lleno de suturas y de artefactos y de espacios impensables en los que, sin embargo, habitamos y vivimos.
Siempre se habla de Latinoamérica como el lugar donde termina un movimiento civilizatorio que va desde Oriente hasta Occidente. Somos el final del camino de un largo desarrollo que trajo el resultado de miles de culturas y sociedades a este territorio. Somos un mestizaje, un revoltijo, un amontonamiento de restos civilizatorios. Todo eso que puede ser pensado como desecho ¿cómo se conjura? Con la fuerza creadora de lo hechizo (la magia de lo hechizo). Lo hechizo es crear algo nuevo y funcional con aquello que ya nadie quiere. Y Restrepo ha encontrado la forma de tratar todo eso en el lenguaje audiovisual, viendo en la tradición del cine y de las artes plásticas herramientas y tecnologías que pueden ser traídas al presente para crear formas nuevas.
Los conductos (2020) / Como crece la sombra cuando el sol declina (2014)
Veamos en par líneas un recuento de sus películas:
Tropic Pocket (2011): película de found footage. Es un remontaje de archivo de varias fuentes: un documental filmado por evangelistas en los años 50 en la selva del Darién; un comercial norteamericano de la marca de autos Chevrolet, de 1961; y varios videos puestos en Internet por soldados del Ejército colombiano en sus combates con la guerrilla. Junto al archivo hay algunas puestas en escena con afrodescendientes de la selva del Darién filmadas por Restrepo en el 2010 en el pueblo de San Pacho. Todo esto, en un montaje asociativo, busca desmontar los discursos audiovisuales de diferentes poderes que han ejercido violencia sobre este territorio y sus habitantes.
Como crece la sombra cuando el sol declina (2014). Filmada en Medellín, presenta imágenes de malabaristas en semáforos y trabajadores de un deshuesadero de carros. Es un montaje lírico que muestra estos lugares y hombres marginales bajo la idea de un tiempo repetitivo y tedioso. En sus imágenes podemos ver ese «paisaje de lo hechizo».
La impresión de una guerra (2015). Puede ser llamada un videoensayo, ya que hay una tesis que sostiene los seis pequeños capítulos (las seis pequeñas historias) que componen la película: la violencia ha dejado marcas en la ciudad, «impresiones» que se pueden escudriñar y que evocan tanto el paso del tiempo como presencias fantasmagóricas en la ciudad actual. Hay historias como: el día en que el río Medellín se volvió rojo por el vertimiento de unos tintes textiles; la flota de taxis que tenía Pablo Escobar como sistema de vigilancia sobre la ciudad; testimonios de presos y su manera de hacer tatuajes con una maquinita hechiza; entre otras. Esta es quizá la película de Restrepo donde pueden verse de manera más evidente todas sus posturas estéticas frente a las imágenes.
Los conductos (2020). Su primer largometraje, y de ficción. Es una puesta en escena de la historia de Pinky, uno de sus colaboradores en Medellín desde hace años. Pinky fue habitante de calle e hizo parte de una extraña secta religiosa. La película sorprende por sus recursos formales a la hora de componer un mundo ficcional y crear una línea narrativa. Todas las «locaciones» son espacios marginales de Medellín, como un basurero o maquilas hechizas de ropa pirata, y los personajes son también marginales, los llamados en su momento «desechables». En este mundo ficcional está todo ese mundo hechizo del que hablamos, a tal nivel que parece un mundo fantasmagórico, gracias a lo espectral que habita en lo que muchos consideran basura.
Este es el cine de Restrepo. En él puede verse un futuro posible de la imagen. Este es un camino a seguir para salir de la hipertrofia de la mercancía audiovisual. Sus películas tienen un nivel formal tal que se puede hablar del surgimiento de nuevas formas para un nuevo cine. Como todo lo nuevo, estas son realmente viejas formas de la tradición del cine y de las artes plásticas. Todo ya está ahí, solo es una cuestión de reutilizar para terminar haciendo algo inesperado (el hechizo de lo hechizo). Esta es la fuente del deslumbramiento de sus películas. Cada artículo buscará ver toda la «luz» que hay en ellas.
Los conductos (2020)
- Miremos ahí de rapidez el diccionario de americanismos de la RAE: “Referido a cosa, hecha improvisadamente, sin seguir los procedimientos establecidos industrialmente para su fabricación”. En su uso común, algo hechizo es un objeto construido con partes de diferentes objetos para lograr una funcionalidad técnica. Un gran ejemplo de esta clase de objetos se ve en “La impresión de una guerra” cuando se muestra una máquina tatuadora hecha con un lapicero y un dínamo. ↩︎

















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