Este es un texto introductorio en el cual hablamos de nuestra primera experiencia en el Ciclo 1 del Cineclub. Esperen nuestras próximas entradas donde encontrarán con más detalle las ideas que surgieron de cada una de las sesiones.
Luego de dos años de haber iniciado el Blog Nehhh como un espacio para arriesgar otro tipo de escrituras alrededor de las imágenes, en el mes de mayo de este año dimos luz a un nueva práctica que se alimenta de la naturaleza del blog: un cineclub que nombramos, haciendo honor a algunas ideas del escritor cubano Lezama Lima, “La sobrenaturaleza cineclú”, que se llevó a cabo en Casa Kilele de Bogotá.

Si el blog ha sido un territorio digital de cercanías y lejanías con las imágenes y la escritura, el cineclub está pensado como su extensión física: una experiencia compartida donde el visionado colectivo se convierte en un acto de escritura, de lectura y de diálogo.
Buscamos no tener espectadores pasivos. Nos reunimos para interrumpir flujos, para trazar nuevas conexiones, para descubrir otras maneras de habitar las imágenes. La programación del cine club está hecha en ciclos temáticos que surgen del encuentro entre las películas, que se atraen según intereses y latencias que nos pueden decir algo sobre el mundo y sus asuntos, siempre tan difíciles de ver por el exceso de luz, por esa contaminación lumínica que es la excesiva producción de material audiovisual actual.
Podríamos decir que cada sesión buscó ser un espacio de discusión donde las películas se convertían en detonantes de preguntas y de escritura. Así como el blog ha sido un libro en construcción, el cineclub es su proyección en tiempo presente, un territorio donde la conversación se vuelve parte del acto de ver. Queremos recuperar la oscuridad de la sala no como un lugar de expectación, sino como un espacio de posibilidad, de cercanía crítica, de construcción colectiva.

Fotograma «El espíritu de la colmena» de Víctor Erice
Volver a ese rito de concentración y aislamiento que es una sala de cine y unas imágenes proyectadas. Una heterotopía en un mundo interconectado, estridente, hiperiluminado, mundo de unos habitantes a los que se le destruyó la capacidad de concentración, dejando en su lugar una mirada catatónica.
Fue así que arrancamos con nuestro primer ciclo pensando justo en eso, en la relación que tenemos con las imágenes, que nos asedian y persiguen todos los días, en todas partes, siendo ya un elemento irreductible de nuestras vidas.
Ciclo 1. Volver al hechizo
Para este primer ciclo, que estuvo conformado por 4 sesiones entre mayo y agosto, nos centramos en la pregunta por las imágenes y la relación que tenemos con ellas. Su presencia invasiva. La pérdida consecuente de su hechizo, de su poder de representación, su vaciado estético. ¿Cómo devolver a las imágenes ese hechizo perdido? Esta pregunta y sus posibles respuestas/especulaciones dieron la base para juntar las películas seleccionadas y hacer surgir los debates y discusiones en la sala.
La reflexión que construimos en conjunto con estas películas y el público inicio con una idea: «el cansancio de la mirada» y cómo el cine ofrece la posibilidad de volver a una imagen fascinante, a ese hechizo perdido de la mirada que consistiría en desestabilizar nuestras estériles formas de ver.

«Nuestros ojos de tanto ver ya no ven», dice la filósofa chilena Andrea Soto Calderón, trazando un diagnóstico de la actual situación de saturación de imágenes, que más que un exceso, es una desconexión y descontextualización. Cada minuto nos relacionamos con imágenes sin contexto, sin relieve estético ni simbólico, que desaparecen tan pronto aparecen, sin dejar ningún rastro en nuestra mente, más que un agotamiento.
Nos automatizamos como espectadores (y también como productores de imágenes), recibiendo y creando imágenes repetitivas, monótonas, obvias.
Preguntándose por esta misma situación, el español Juan Vico utiliza el término de «imagen fascinante», como aquella que permitiría volver a sorprendernos y desestabilizarnos: «una imagen porosa, fantasmagórica, que aparece para perturbarnos y que se interrumpe antes de que su capacidad de asombro se agote» (Vico, 2022); esto en contraposición a la fascinación embotadora, estéril, de la obviedad, de lo perpetuamente saciado de las imágenes de consumo que pretenden dictar nuestras aspiraciones y fantasías.
Las imágenes hegemónicas son producidas y usadas con fines de consumo o propaganda, lo que implica hacerlas de cierta manera, imponer un régimen de producción y de visibilidad. En consecuencia, las imágenes deben ser cerradas, limpiadas, homogenizadas. Aplanar toda aspereza. Contenerlas en sus márgenes.
Pero las imágenes se desbordan. Las imágenes nunca se pueden cerrar.
Llegamos así a la idea que da nombre a nuestro cineclub: La sobrenaturaleza, que resalta cómo las imágenes enriquecen el mundo al entrar en contacto con él, creando una «sobrenaturaleza» como efecto de su fecundidad:
¿Qué es la sobrenaturaleza? La penetración de la imagen en la naturaleza engendra la sobrenaturaleza. En esa dimensión no me canso de repetir la frase de Pascal que fue una revelación para mí: «como la verdadera naturaleza se ha perdido, todo puede ser naturaleza». La terrible fuerza afirmativa de esa frase me decidió a colocar la imagen en el sitio de la naturaleza perdida; de esa manera, frente al determinismo de la naturaleza, el hombre responde con el total arbitrio de la imagen. Y frente al pesimismo de la naturaleza perdida, la invencible alegría en el hombre de la imagen reconstruida. (Lezama Lima, 2017)
Entonces, este primer ciclo buscó eso: un espacio de experiencia y discusión audiovisual sobre cómo volver al hechizo de la imagen a través del cine que se presenta como un medio privilegiado para romper con esta monotonía de las imágenes y encontrar allí esa sobrenaturaleza.
Las películas seleccionadas indagaban en esta idea, no solo desde la imagen del espectador que va al cine para escapar de su mundo cotidiano (diríamos ahora, de las imágenes repetitivas que vemos en las pantallas todo el tiempo), sino también desde la posición de quienes producen imágenes (que hoy en día somos casi todos). Ver y hacer imágenes no como una compulsión embotada, sino como un acto excepcional, una apertura al hechizo de la sobrenaturaleza.
Cuatro encuentros con el hechizo
Nuestro primer ciclo estuvo compuesto por una muestra de diferentes películas (cortos y largometrajes) distribuidas en 4 sesiones.

Fotograma de «El espíritu de la colmena» de Víctor Erice
Sesión 1. “El hechizo de una máquina”
Corto de apertura: Kid Auto Races at Venice, **Henry Lehrman (ft. Charles Chaplin), 6’
Proyección principal: El amateur, Krzysztof Kieślowski, 1979. Polonia, 117’.
Fotograma de «Amateur» de Kieszlowski
En El amateur, de Kieslowski, en la Polonia soviética, un obrero compra una cámara para grabar a su hija recién nacida. Pero al filmar, algo cambia. Su obsesión afectará toda su vida, hasta ese momento tranquila y estable. El hechizo de la cámara lo arrastra a otra forma de mirar, de estar en el mundo. La tecnología, en este caso una sencilla cámara de 8 mm, le abre preguntas sobre su vida sencilla y planificada, la creación y el impulso de registrar.

Entre el ojo, el ojo de la mente y el instrumento óptico hay una serie de relaciones que están lejos de ser pasivas. Cada uno de estos portales de recepción y transmisión llama y responde a los otros como murciélagos en la noche, usando ecolocalización a través de ondas ultrasónicas para escuchar la oscuridad (Vaz, 2025).
(Lee la traducción publicada en nuestro blog AQUÍ)
Quisimos discutir en este primer encuentro cómo la tecnología cinematográfica crea una nueva forma de relacionarnos con el mundo. El trayecto de este personaje en un contexto autoritario y estrictamente planificado nos hizo preguntar sobre cómo la imagen nos acerca a una experiencia extraordinaria. ¿Sobrevive aún ese hechizo en una época en la que todos llevamos un celular en la mano, registrando compulsivamente momentos que serán consumidos sin atención?
Sesión 2. “El hechizo de una imagen”
Corto de apertura: Fragmento de «Don Quijote», Orson Welles. EEUU.
Proyección principal: El espíritu de la colmena, Víctor Erice, 1973. España, 97′.
Fotograma de «El espíritu de la colmena» de Víctor Erice
El espíritu de la colmena muestra el hechizo originario del cine: Ana, una niña en la España franquista, queda encantada con Frankenstein (1931) en una proyección rural. Tras ver al monstruo de la película en la pantalla, Ana inicia una búsqueda obsesiva de él en sus espacios cotidianos, confundiendo la magia del cine con la realidad.
Si en la primera sesión la discusión se centró en el hechizo de la máquina, aquí tenemos el hechizo de la pantalla, y de cómo las imágenes transforman nuestra relación con el mundo. Como dice Juan Vico: «Nuestra realidad está tanto dentro como fuera de las pantallas, y la relación jerárquica entre ambos lados tiende a resquebrajarse; no se trata de qué es la realidad y qué su copia, sino del modo en que la esfera virtual y la material se transforman mutuamente» (Vico, 2022).
Uno de los fanzines que hemos hecho gira en torno, precisamente, al poder desalienante que reposa en el rito del cine. Sabemos, pues, que este rito no solo tiene que ver con la sala a oscuras, la pantalla grande, sino con las formas en que esta experiencia moderna puede desestabilizar la vida repetitiva del obrero, poder que ha sido canalizado por la industria hacia otros lugares menos fértiles. No obstante, en la década de los 20, Hofmannsthal veía claras estas potencias:

La atmósfera del cine me parece ser la única atmósfera en la que las gentes de nuestro tiempo entran en una relación muy directa, completamente desenfrenada, con una herencia espiritual enorme, aunque extrañamente organizada, de vida a vida. Y las imágenes apiñadas son, no puedo decirlo de otra manera, casi venerables para mí, como el lugar donde las almas huyen al oscuro impulso de autoconservación, del número a la visión. (Hofmannsthal, 1921).
(Lee la traducción publicada en nuestro blog AQUÍ)
Pero además, tenemos esa primera mirada de Ana, una mirada de fascinación y encanto por unas imágenes que transforman su mundo interior. No se trata de creer que existe una imagen pura a la que debemos acceder, sino de buscar nuevas formas de atención, pausa y ruptura con las imágenes para volver al hechizo. Volver a venerarlas.
Sesión 3. Muestra de cortometrajes “Si fue hechizo…”
- ¡Oiga, vea!, Luis Ospina y Carlos Mayolo. Colombia, 28′.
- 13 maneras de mirar un mirlo, Ana Vaz. Brasil, 30′.
- Interface, Harun Farocki. Alemania, 24′.
- The Girl Chewing Gum, John Smith, 1976. UK, 12′.
La tercera sesión estuvo dedicada a una selección de cortos que se acercan más al cine documental y al cine experimental. Todos tienen en común una mirada crítica sobre la producción de imágenes y su recepción.
¡Oiga, vea! trata del proceso de filmación de un documental sobre los Juegos Panamericanos de Cali en 1971. Excluidos de los escenarios deportivos, los realizadores merodean por las calles aledañas… Por otro lado, John Smith hace una película radical que, aunque poco conocida, es fundamental en la historia del cine experimental. Farocki nos muestra su mesa de trabajo, repasa fragmentos de sus películas, mientras comenta cómo el ejercicio de montaje es también un procedimiento de producción de nuevas imágenes. Y, por último, la película de Ana Vaz es el escenario en el que diversos jóvenes conversan, reflexionan e imaginan el cine.
Todos estos cortos dialogan en su mirada crítica sobre la producción y recepción de las imágenes, y cómo construimos nuestros imaginarios alrededor de ellas.
Sesión 4. Muestra de cortometrajes hechizos “Moradorxs del desierto”
- Mientras espero, inhalo, Nicole Remy. Perú, 6’.
- Fragilidad, Estefanía García Pineda. Colombia, 5’.
- Péreje, Cinechichera. Colombia, 2’.
- Postales para Eufemia, Jacobo Vásquez. Colombia, 9’.
- Untitled, Unfinished, Manuel Bayo Gisbert. México, 2’.
- Tantopaqué, Daniel Mesa de los Ríos. Colombia, 19’.
- Notre amour est assez puissant, Jonathan Vinel. Francia, 9’.
- Código 7, Nacho Vigalondo. España, 9’.
Esta última sesión abarcó un pequeño espectro de lo que implica hacer cine con pocos recursos, hacer cine en el desierto. Reunimos cines “menores”, compartimos la forma en que muchas obras resuelven el problema de “hacer con poquísimo”, con “sobras”, con lo que “no es valioso”. Este problema productivo es el eje de esta muestra.
¿Cómo surgen películas en medio del desierto? Estos cortometrajes nos ofrecen caminos o respuestas, actividades nuevas, movimientos de cines subterráneos, algunos discretos como alimañas que recorren madrigueras, o sea… discretos hasta que salen al sol, al régimen de la verdad y son notados, alarmados, incluso, atacados.

Estos fueron los fanzines hechos para acompañar este espacio:
– El sustituto de los sueños, de Hugo von Hofmannsthal.
– El cansancio de la mirada, de Andrea Soto Calderón.
– Filmando en la oscuridad, de Ana Vaz.
– Constelar aquel, el oficio de la mirada, de Valentina Giraldo.
(Si quieren tener estos fanzines, pueden escribirnos en Instagram)
Crear lo hechizo
Como punto final, ofrecimos un giro a la palabra «hechizo». Primero, lo entendemos como encantamiento, embrujo: el efecto que tendría la imagen fascinante sobre nosotros, esa fuerza que tienen las imágenes para suspendernos, para encantarnos. Pero también pensamos en la acepción colombiana de «lo hechizo», aquello que se hace de manera precaria y manual, a partir del desecho, para crear un objeto nuevo que suple una necesidad, negando las lógicas de la producción industrial masiva. Creemos que una forma de volver al hechizo de las imágenes pasa por hacer un cine hechizo, un cine que se presente como alternativa a las formas hegemónicas de producción de imágenes, aquellas que producen la fascinación estéril.
Creemos que esas dos formas de hechizo se conectan. Que volver a imágenes que nos afecten pasa por alejarse de las imágenes perfectas y repetidas que vemos todo el tiempo. Nos interesa un cine que no oculte su fragilidad. Que se construya con deseo, con restos, con intuición. Un cine hechizo: más que acabado, vivo. Más que espectacular, sensible. Que en vez de producir fascinación vacía, incite a mirar con atención.
GRACIAS POR VENIR
A esto quisimos apuntar en nuestro primer ciclo. A ver películas que abrían preguntas sobre la influencia de una cámara, la fantasía de una sala de cine visitada en la niñez, el poder del montaje sobre las imágenes y la visión, la posibilidad de producir películas de forma barata y más libre. Todo alrededor de esas palabra: el hechizo.
«Volver al hechizo» implica preguntarnos por cómo vemos las imágenes, qué relación tenemos con ellas, ya que son parte irreductible de nuestro mundo, de nuestra cotidianidad.
Soto Calderón empieza su libro con una cita de Hölderlin que queremos traer para cerrar esta primer experiencia con la presencia en la sala física, el encuentro de los cuerpos con las imágenes proyectadas en la oscuridad:
«Pero allí donde está el peligro
crece también lo que salva»
En las imágenes está el antídoto de su propio mal.
REFERENCIAS
Hofmannsthal, Hugo von. (1921). El sustituto para los sueños. En Blog Nehhh: https://nehhhblog.wordpress.com/2023/12/20/el-sustituto-para-los-suenos/
Lezama Lima, José. (2017). La cantidad hechizada. RUTH
Soto Caderón, Andrea. (2020). La performatividad de las imágenes. Metales pesados.
Vaz, Ana. (2025). Filmando en la oscuridad. En Blog Nehhh: https://nehhhblog.wordpress.com/2025/01/09/filmando-en-la-oscuridad/
Vico, Juan. (2022). La ´fábrica de espectros. Girona: WunderKammer.


















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