Acabo de ver «Camilo Torres: el amor eficaz»

3–5 minutos

de lectura

Pensé mucho en Steven Universe y en Avatar (no la película horrible de Cameron, sino la serie animada La leyenda de Aang). La pregunta que más parece vibrar en la superficie móvil de la peli (que es una peli, podría decir) es la siguiente: ¿el amor puede contra la guerra? Para que esta pregunta tenga sentido y no suene ingenua, cándida o se confunda con algún tipo de utopía, hay una serie de otras preguntas que complican el camino. El gesto más importante: estas son realizadas entre el fallecido Camilo Torres y Marta. Para eso, el cura guerrillero es traído a la vida por Fernando Restrepo, quien articula las preguntas y opiniones que dan vida a la charla entre él y su antigua amiga, la cineasta Marta Rodríguez. Para ello, Marta ocupa el plano y Camilo Torres permanece detrás de cámara, como un entrevistador. Esta entrevista se intercala con material de archivo que ocupa más o menos 60 años de la historia reciente de Colombia.

Esta forma me emociona por varios motivos. El primero, por lo que implica para nuestros cuerpos en relación al tiempo histórico del país. Segundo, el dispositivo de darle voz a los muertos me parece maravilloso y despierta en mí una emoción lo suficientemente intensa como para que ese mero detalle encauce mi lectura hacia terrenos que ahorita me parecen importantes. Ambos dispositivos se ensamblan para que la historia colombiana se disponga de una manera más abierta ante nosotrxs, es decir, crea un tiempo topológico (una temporalidad espacial que permite movimientos entre el pasado, presente y futuro en un mismo plano). Lo que trae consigo una idea: si el tiempo es un espacio, los muertos y las muertas pueden caminar hacia nosotrxs.

Es justo lo que sucede en la película, no solo desde el mero performance y el montaje de un tiempo topológico: remarca la consistencia con que ciertos temas se encuentran vigentes en nuestro país, aunque actualizados, renovados por los sutiles cambios del contexto. Estos sutiles cambios también son tema del diálogo entre Marta y Fernando/Camilo: la aparición del narcotráfico, por ejemplo, determina un cambio brutal respecto a la lucha armada o la idea del campesino que tenemos en Colombia. Que este tema pueda atravesar las “causas camilistas” y su pensamiento, me parece increíble, pues este tipo de discusiones usualmente asumen la forma ensayística-académica y, con ello, se inscriben en una red de producción de conocimiento que encuentro nefasta e insuficiente. Precisamente por esto, la premisa de la película, la de preguntarse por la fertilidad o los efectos de la vida y decisiones de Camilo, tienen tanto sentido. No es solo que las injustas relaciones de poder o la violencia estatal habiten todo el espacio de nuestro tiempo histórico, lo que nos preguntamos es si el “sacrificio político” y la “lucha armada” tienen sentido. El cura representa la idealización de ambas actitudes; el guerrillero santo o el guerrillero mártir, mejor. Por eso pensé tanto en Avatar, en su ética revolucionaria: no asesinar, dignificar la vida del opresor. Por ende, también pensé en lo que significa el poder en una guerra. ¿Arrebatar el poder al opresor se parece mucho o poco al poder cuasi-divino y horroroso de quitar la vida? En la serie, Aang, decide quitarle el poder a su adversario sin matarlo…

La extrañeza que Marta expresa al recordar la imagen de su amigo Camilo Torres vistiendo un uniforme, con un fusil entre las manos, es dolorosa e inquietante. ¿Qué riesgos debe asumir el guerrillero para arrebatar el poder del enemigo? La guerra desconfigura el derecho del tirano sobre la tierra con el costo de llenarla de muerte, no con la vida. Otro modo de decirlo: la guerra no puede repoblar la tierra con vida; la desertiza. Es la posibilidad de hacer un movimiento como el de Aang la que reposaba en el amor eficaz de Camilo, en su trabajo como católico revolucionario, enfrentando el imaginario o las bases mismas del dogma católico criollo. Pero no hay una respuesta, la verdá, no es posible tener un final tan cerrado y feliz como en Avatar o como en Steven Universe (cuyo capítulo final se titula “Change Your Mind” y logra que las “fuerzas malignas” se transformen y configuren un plan de reparación a los territorios explotados y etc. y etc.).

Un comentario

  1. Avatar de Acabo de ver «El lugar más pequeño» – nehhh blog

    […] de esa vida, de la que podemos ya prefigurar un pueblo en formación. Esta película, como Camilo Torres: el amor eficaz, se ocupa de la difícil pregunta sobre la posibilidad de vida en el desierto de la guerra, una […]

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