Dos poemas y una película

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7–11 minutos

de lectura

Sobre El hogar fue sepultado en esa tierra que nunca pudimos encontrar (2026) de Deimer Quintero Vertel.

El sonido del agua se parece al del silencio

Por Natalia Guzmán Castañeda*

Esos diablos me quitaron todo
Porque al diablo no hay que entregarle nada, eso decías tú, mamá.
Sin embargo, es tentador
sorprenderlo tras sus pasos
entre palmas bananeras
tiritando
sudando frío con calor con frío
reflejando nuestras sombras recostadas
confundirlas con las de él
y jugar al escondite y al fútbol.

Las sombras sobre el agua se parecen al recuerdo,
pero las sombras en el agua tienen el color del olvido.
Según la teoría del color, blanco es cuando todo se junta,
negro es cuando nada queda.

Estos ríos se lo llevaron todo
Y a los ríos no más hay que darles descanso, eso decías tú, abuela
Por eso nuestras lágrimas se juntaban en silencio
y los charquitos eran charquitos pequeños
pequeños pero muchos
pequeños pero incontables
pequeños pero lagos
pequeños pero mares.

Todas las aguas llegan a los mares.
Según la teoría de la gravedad, todas las aguas llegan a los mares
a través de la evaporación, condensación, precipitación, infiltración
y escorrentía. A este proceso se le conoce como “Ciclo del agua”.


La imagen del agua es borrosa.
La imagen del dolor no limita con nada,
sus bordes no existen;
El agua me llega hasta las rodillas
dentro de mi propia casa.

La palabra propiedad viene del latin propietas-atis, derivado de propium,
que significa que pertenece a una persona o es propio de ella.
Las rodillas son articulaciones que usualmente le pertenecen a las piernas de quien las usa.
Entre los usos más populares de las rodillas está el gesto de la rendición.


Un anhelo cósmico es el hogar:
Se mira a las estrellas para saber dónde se está.
La estrella madre es el sol.
En mi casa, los rayos pasaban por entre las hojas.
Las pequeñas luces que veíamos entre las palmas eran las estrellas
las hojas de palma eran nuestras estrellas.

La ciencia dice que el fin del mundo conocido es la muerte del sol,
que se dará dentro de aproximadamente 6000 años,
tiempo en el cual se agotarán los diversos gases en su núcleo
para comenzar su transformación final.


La noche es larga pero transitoria
Llena de fusiles de palo, bastones
Un tipo gordo
Un estruendo
Un pueblo fantasma
Los espíritus, los espectros
mis perros, mis amigos
todo se ve en blanco y negro en la oscuridad.

Los ojos tienen entre sus células unas especialmente diseñadas para ver en la oscuridad. Se les conoce como bastones y aunque no distinguen el color, pueden facilitar la visión
en momentos en los que hay muy poca luz,
identificando el objeto (o los objetos) observados en diferentes tonos de gris:
¿Cuánto tiempo necesitan los ojos para adaptarse a la oscuridad?


Esos no son personas, son demonios:
dijeron dos voces como una sola
La voz del niño y del hombre como una sola
¿Dónde se habrá metido nuestra casa?
¿Será que nuestro hogar todavía existe?
Ya no te veo desde hace mucho tiempo
y mi recuerdo solo te causa dolor.


El cerebro humano entiende al cuerpo como una máquina de supervivencia.
Es por esto que graba con mayor intensidad aquellos recuerdos producto de experiencias en las que esta supervivencia fue puesta en riesgo con el fin de evitar repetirlas.
Esto dice la ciencia.


Yo también bailo
para olvidar mi clamor por el regreso
a donde nuestro cuerpo era uno solo
porque aquí nuestro cuerpo está incompleto
enterrado en esa tierra que nunca pudimos encontrar
o en estas aguas aguas cascadas profundas tiernas, no se sabe.
Shh             Shh           Shhh
El sonido del agua se parece al del silencio,
Shh             Shh           Shhh
El sonido del agua se parece al del silencio.

Luminiscencias del patio: El hogar fue sepultado en esa tierra que nunca pudimos encontrar

Por Valentina Cristancho**

I: Traerlos de vuelta.


Una fotografía reposa sobre las aguas; uno, dos, tres y cuatro límites, dentro se asoma la brisa de aquellas sombras de la tarde que humedecen los ojos acompañadas de recuerdos, mientras el pequeño rayo de sol calienta las pieles en el silencio de la luz de la tarde, una casa, mi casa, nuestra casa nadie la busca nadie puede encontrarla, los escombros de la tierra están atados al fin de las horas, al fin de los días, al inicio de los tiempos.

hermanos y hermanas.

El baile de mi hermano y el fuego de la memoria, nuestros rostros, unas voces de Fotografías que viven respiran y protagonizan el plano, uno, dos, tres, cuatro límites, que se mueven a través del sonido de los pájaros en aquella tierra amada.

Allá hay un camino de agua, un camino de respuestas que llegan dentro de una pequeña muestra de luz, el cielo que arropa a las bananeras cuando al atardecer acompañan los juegos del escondite ¿podremos encontrarla?

La tierra que buscamos está construida de agua, agua que se escapa por las grietas del plano, agua que purifica, agua que trae recuerdos, rostros, árboles y piedras, la tierra que buscamos está rodeada de fuego, fuego que quema las nubes.

El frío y el calor son dos ideas que coexisten en un rincón adornado  de una casa gris, una búsqueda y un encuentro con los límites de lo vivido. Ya no cuatro si no cinco, cinco límites, veo ese halo que se funde con nuestra memoria, la luz que se escapa por las grietas, la luz donde pondré mi casa. Sobre la luz construiremos una casa.

II: El hogar fue sepultado.

Observar  y tocar los límites de una fotografía con las manos, no mirar con los ojos, el gran corazón del tacto de ver hacia adentro, más allá de la oscuridad. Muchas veces las películas terminan mucho más allá de los límites y de los relatos, muchas veces las películas existen suspendidas en rincones extraviados y cuando reaparecen se sienten como pequeños milagros lúcidos, milagros como actos de amor y de resistencia.

Las imágenes comienzan a aparecer como fantasmas en la oscuridad, a partir de los sentidos, de los sueños, los duelos y los recuerdos, nuestros cuerpos sumergidos en aquel río. Contar y recibir, sumergir los cabellos en el cauce de agua fría y cuando abres los ojos con cuidado por el dolor que ha causado lazambullida en la corriente, aparecen ciertos rostros en el lucero de la memoria.


El anhelo del retorno, retornar y dejar no es lo mismo nunca, cada vez que lo repetimos, lo buscamos, lo entendemos, hay una distancia entre lo vivido y lo recordado.

Volver a los vientres, la
sepultura.

Cada vez que vuelvas serás distinto, cada vez que no vuelves también serás distinto, como dos ideas que subsisten en un mismo universo, ambas iguales, solo que unas se materializan y otras se escapan a esconderse en las esquinas del tiempo para aparecer de nuevo cuando se invocan las palabras.                     

“El hogar fue sepultado” un hogar que se quema, pero no existe, la opacidad que encuentra al ser humano y el mundo, como si fuéramos animales con un sentido de vista dotado de nuevos espectros, animales que esperan.

hermanos y hermanas, pongan sus manos como
una casa.

¿Dónde está? Encontraremos nuestros hogares de luces de fuegos y de sombras, de colores orgullosos y arrepentidos de desteñir las heridas de mi casa, mis fachadas disparejas, mi casa sin puertas, solo ventanas.

“A invierno le gusta que le soben la nariz y a mí también”.

III. La tierra:

Mi tierra se asoma por medio de las uñas de la infancia, cuando cavaba guardando los tesoros de mis días, jugaba a ser un pájaro que vuela de vuelta todas las noches, soñaba con ser el sol que quemaba mis ojos tiernamente, allá pude ver a mis hermanos, aunque debajo hoy existe en esa imagen la causalidad de las estrellas

que flotan hacia las afueras de mi patio.


Frío

En

Los

Techos.

Los patios de las bananeras apeñuscados en una fotografía.

(Las voces sinfónicas de mi edad) (las voces sinfonías de mi niñez) (las voces de psicofonías.) 

¡El retorno! ¿Podré ir volando o de pie?

No tengo que mover las piernas. Simplemente cerrar los ojos. Me muevo por esos vértices que agrandan el cuerpo.

“Esos diablos me quitaron todo”

Frío

En

Los

Techos.

Escribo para que no me olvides, escribo para que no me desvanezca en tu memoria, mamá.

Escuchó tu voz, de lejos

¿Será que nuestro hogar todavía existe?

Se acurrucó el burrito en mis brazos y ya no existe nada que pueda decirte, mi casa, nuestra casa, esa que espero con alegría, será nuestra en las luces del barrio que se desvanecen a las 3 de la mañana.

Las figuras que parpadean en mi corazón, las figuras que siguen bailando a la esperanza de mi regreso, a la espera de mi olvido, olvidaré ¿olvidarán?

Ya no hay hogar, esto es lo que queda de mi, en mi casita herida,

Las paredes hablan y padecen. Ya no hay fuego que arrase mi vida, ya no hay fuego que queme la casa, porque la casa es nuestra, la casa es el mundo, la casa es grande.


IV: Encontrarla.

“A invierno le gusta que le soben la nariz y a mí también. A invierno le gusta darse cabezazos conmigo y a mí también. A invierno le gusta meterse a escondidas en mi cuarto, a escondidas en la noche. Y a mí también”.

Encontrarla

Es

Quemarla.


Dedicado a mis hermanos y hermanas de la casa grande.


Sobre las autoras

* Natalia Guzmán Castañeda. Diseñadora, artista, poeta. Su obra experimenta con las preguntas sobre la memoria y la existencia viva que persiste a través de la pintura, la prosa, la música y la poesía. En búsqueda de la imagen onírica y surrealista creada por los colores, el sonido y la palabra.

** Yuliany Valentina Cristancho Velandria. Venezolana estudiante de Cine y televisión en Bogotá. Su trabajo explora las grietas entre la memoria, la migración y el cine artesanal. Actualmente forma parte de proyectos de investigación y creación audiovisual enfocados en el cine comunitario, escritura sobre cine y estudios feministas.

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