Un texto en tríptico a propósito de la película ¿Qué es la democracia? (1971) de Carlos Álvarez, restaurada en 2021.
Gracias al trabajo del grupo Legado Carlos Álvarez, estas imágenes no solo han sido restauradas y recobradas, sino que también están abiertas al público y pueden verse 👉 AQUÍ.
Este artículo fue escrito gracias al espacio «Laboratorio de Escritura sobre Cine Documental | 27 MIDBO» en 2025″. Pueden leer la primera versión 👉 AQUÍ.
La siguiente versión tiene varias correcciones y la tercera parte ha sido reescrita para pensar el papel de las imágenes en la campaña presidencial de 2026 en Colombia.
1. UNA PROYECCIÓN.
13 de agosto de 2025.
Voy a la Cinemateca de Bogotá a pie por la carrera séptima. Han cerrado las calles del centro de la ciudad porque ese día todos han ido a ver a un muerto.
Es el entierro de un hijo de la oligarquía, asesinado días antes en un barrio popular. No lo pienso en ese momento, pero yo también voy a ver muertos, pero a una sala oscura.
La proyección es de películas restauradas de los años setenta. Imágenes recuperadas de un pasado que no habíamos visto. Muchas de ellas son rostros y rostros de apellidos que siempre hemos escuchado, con los que crecimos y seguimos viviendo.
Así, desprevenido, me sorprende estar viendo tan de frente la cara de la oligarquía colombiana. Nuestra oligarquía. Sus caras gigantes en la pantalla. Completamente nítidas, visibles.



Fotogramas de ¿Qué es la democracia? de Carlos Álvarez
Esas cabezas animadas me perturban.
Son los muertos que nos acosan del pasado.
Las caras de quienes construyeron este horror.
Crecí viendo las caras de los presidentes en poses grandilocuentes. Cuadros republicanos. Hagiografías de prohombres en enciclopedias.
En un juego infantil me aprendía los nombres y las fechas, palabras y números. Pero no sabía que también estaba memorizando esos rostros.
El ser humano tiene la capacidad de memorizar de 1.000 a 10.000 rostros, incluidos los vistos en imágenes.
¿Qué implicaciones tiene verle el rostro al poder?
Pero no esas imágenes lavadas de toda historicidad, sino en la más abierta vulnerabilidad de la materia espectral que es la imagen cinematográfica.
Los rostros que se revelan en su más profundo patetismo. La mezquindad de la oligarquía que se manifiesta en la superficie de la imagen. Desde ahí podríamos imaginar muchas cosas. Darle luz a la oscuridad de ese poder.


Fotogramas de ¿Qué es la democracia? de Carlos Álvarez
Lo peor es que ellos también son mis muertos.
¿Qué implicaciones políticas tiene reconocer que los muertos de esa oligarquía son también nuestros muertos, a pesar de que siempre nos han querido despreciar, poner a una distancia de clase (y de raza), que siempre han querido pensar que no tienen nada que ver con nosotros?
Que somos ellos y ellos son nosotros, porque todos estamos aquí, en el mismo hueco.
No son un busto rígido en una plaza reiterando su pesada presencia todo el tiempo.
Son fantasmas opacos que a través del archivo puedo mirar a los ojos e imaginar e intuir la carne que existió.
Imágenes que acortan esa distancia imaginada, esa operación constante del poder de hacerse creer lejano y severo.
No veo la diferencia entre ver esas imágenes y derribar un monumento.
2. Lucha por las imágenes del pasado
19 de abril de 1970.
Ese día se produce el famoso fraude electoral que da como presidente a Misael Pastrana. Un año después, en 1971, aparece ¿Qué es la democracia? de Carlos Álvarez, lo cual es mucho decir para un cine marginal y perseguido que será invisibilizado durante años. La película fue restaurada en 2021 en el marco de un amplio proyecto que busca recuperar el legado del director.
En los años en que Álvarez hace sus películas suceden dos cosas: el Frente Nacional que ha restringido la democracia a través de un eterno estado de sitio y la Guerra Fría que trajo la aparición de grupos radicales en el país cercanos al comunismo. En este contexto, en la producción cinematográfica surgirá una nueva forma de concebir el documental como un medio de denuncia social y de análisis sociológico crítico, ya sea desde el marxismo o desde una mirada etnográfica. Esta generación se plantea otra clase de cine, llamado por algunos “cine pobre”, en contraste con el cine oficial que detentaba los recursos de la escasa producción de cine en Colombia, grupo al que llamaban “Los maestros”.
Es, por tanto, la reacción a un contexto político conflictivo y violento y a una industria oficialista que le cerraba la puerta a cualquier gesto que se apartara de sus directrices. En este escenario, Carlos Álvarez toma una posición radical de disidencia política desde el cine. No sobra decir que muchos de estos directores fueron perseguidos, obligando a muchos al exilio.
¿Qué es la democracia? nace en este contexto y se centra en este hecho que marcará los años por venir: después del fraude de 1970 nace, entre otras cosas, la guerrilla del M-19 y de ahí un largo etcétera de acontecimientos que nos traen al presente.
Pero quedémonos en esos días de abril cuyas imágenes hemos recuperado del eterno olvido gracias a la restauración reciente de las películas de Carlos Álvarez. En la página “Legado de Carlos Álvarez” esta película es descrita como un “Film – ensayo histórico sobre las elecciones en Colombia desde 1930 hasta 1970”. Aunque esta línea se queda corta.


Fotograma de ¿Qué es la democracia? de Carlos Álvarez
Sí, la película tiene algo de film-ensayo, pero no exactamente como lo concebimos hoy en día. Para entenderlo hay que tener clara esta característica del documental político-social de esos años: esta es una película abiertamente militante con una lectura marxista de la historia colombiana y que termina con un llamado a la revolución, donde las premisas y la argumentación deben ser claras y directas. Hay pues unos objetivos muy definidos y por eso la reflexión no es tan libre, aunque no deja de ser rica e iluminadora. De ahí la distancia con el film-ensayo actual, el cual es más abierto y especulativo.
Pero Álvarez logra algo increíble a pesar de trabajar bajo la linealidad de una argumentación fundamentada y dirigida. Logra que las imágenes no se restrinjan a los enunciados y se desborden de las palabras. Su fuerza histórica y estética es tal que llegan al presente a decirnos todavía muchas cosas de ese pasado. ¿Cómo lo logra? Repasémosla para ver con detalle el valor de estas imágenes que son un documento único de esos años.
La película llega entonces a una tesis central después de una argumentación sostenida. Se puede aquí transcribir:
La democracia representativa en Colombia es un engaño de las élites dominantes para aplacar las verdaderas fuerzas sociales revolucionarias. Esto se constata en las votaciones que son un simulacro que suplanta las verdaderas vías del cambio; así como en los partidos políticos y los líderes-caudillos que son agentes que canalizan estas fuerzas, pero que realmente están al servicio de los intereses imperialistas, como fue el caso de Rojas Pinilla y la ANAPO.
Álvarez llega a esta tesis no solo a nivel verbal, sino que también monta las imágenes con el fin de lograr un mayor efecto retórico. Visualmente la clave está en el comienzo. La película abre con una animación, una sátira al estilo de la tradición de la caricatura política colombiana. La idea es que los poderes eligen al títere visible de la oligarquía, al presidente, el cual servirá a intereses particulares. Este tono de sátira da la clave retórica del montaje.
Lo que sigue es un archivo de la oligarquía colombiana (principalmente fotografías) que llega hasta el debate presidencial del 70. Este es un recorrido por 40 años de la historia política en Colombia, donde cada gobierno es ocupado por los eternos hijos de la oligarquía que cuidan los intereses locales y del neocolonialismo de los EE. UU. Se pasa por el asesinato de Gaitán, el Bogotazo, el quinquenio de la violencia conservadora y el Frente Nacional, que es el mundo que le tocó por suerte a Álvarez.
Después, vemos por varios minutos el debate de los 4 candidatos presidenciales del conservadurismo, el cual es intervenido en contrapunto con algunas imágenes que son pequeños comentarios irónicos del palabrerío politiquero. Así, en estos 20 sintéticos minutos tenemos no solo una clase magistral de historia (esa materia que no existe como obligatoria en los currículos de escuelas y colegios en Colombia), sino que también vemos en todo su esplendor el patetismo y la mezquindad de los rostros de ese poder que siempre intenta ocultarse.


Fotograma de ¿Qué es la democracia? de Carlos Álvarez
Llegamos justo en la mitad de la película a aquel domingo del 19 de abril. En esta parte vemos la jornada electoral, la cámara que registra y retrata las diferentes personalidades (políticos y curas) y grupos sociales que salen a votar (hasta banderas nazis podemos ver por ahí). Después sucede el fraude y se revisan sus hechos y las consecuentes protestas en las calles. Este registro es impresionante. Que las cámaras de Álvarez y sus colegas hayan salido ese intenso mes a las calles es un momento único.
Como conclusión a la argumentación y al fluir de estas imágenes, viene el llamado a la acción. La película termina diciendo que una verdadera vanguardia política deberá saber dónde están las fuerzas revolucionarias que le darán el poder al pueblo. Se constata que la democracia no es más que una junta constituida para administrar los intereses de la burguesía, idea de Marx que la película cita directamente. Todo esto dicho con una foto del cura Camilo Torres en la pantalla. Fin.
A simple vista la película parece muy panfletaria, pero va mucho más allá de esto. Además de ser un dispositivo revolucionario y de tener un gran poder de síntesis histórica, lo más valioso radica en las imágenes y su montaje. Primero, como ya se ha dicho, la recuperación, recopilación y montaje de este archivo tienen un gran valor documental para nuestros ojos hoy en día. Pero hay otro efecto que se logra y que sigue vigente para nuestro presente: este montaje con tono de sátira que hace Álvarez permite ver la cara de la oligarquía de otra manera, y no las hagiografías con las que muchos crecimos.


Fotogramas de ¿Qué es la democracia? de Carlos Álvarez
En este punto es importante otro elemento: el montaje dialéctico. Esta es una teoría cinematográfica que entiende el montaje no como una simple unión de planos, sino como un conflicto de imágenes que genera una idea nueva. Para Eisenstein, el sentido de una escena no está en cada plano por separado, sino en el choque entre ellos, de manera análoga a cómo en la filosofía marxista la contradicción entre opuestos produce un cambio o síntesis. El montaje no suma imágenes: las hace chocar para producir pensamiento.
En esta dirección, en la película se ve una contraposición de imágenes que parte de la siguiente pregunta: “La democracia es el gobierno del pueblo. Pero ¿quién es el pueblo?” ¿La oligarquía o las personas que habitan el territorio? Por eso son tan importantes las imágenes de las multitudes que es donde residen las fuerzas revolucionarias. Son entonces dos realidades que se confrontan, dos elementos en tensión que dan cabida a un tercero, que es la revolución.


Fotogramas de ¿Qué es la democracia? de Carlos Álvarez
Así, más allá de las intenciones proselitistas de la película, este tono de sátira en un montaje dialéctico logra algo que pocas veces se había logrado: destruir la solidez de las imágenes del poder al mostrar sus rostros. “Aprendan mientras se van a ponerle nombres propios a la infamia”, dice Fernando Vallejo. Y también rostro. Imágenes.
Hay que tener en cuenta que el cine documental, como tradición y como un territorio delimitado desde los comienzos del cine, siempre se ha cuestionado constantemente sus márgenes, su naturaleza de representación, sus métodos, su compleja relación con lo real. Así, muchos documentales ponen en crisis las imágenes de lo real, como hace Álvarez con el archivo de la oligarquía colombiana, pero, al tiempo, las imágenes exceden el discurso que las organiza.
Álvarez las usa en su momento para unos fines persuasivos pensando en una revolución internacionalista, en una utopía que no ha sobrevivido hasta nosotros. Pero estas imágenes trascienden ese primer uso, como toda gran obra. Hay mucho más todavía que nos pueden ayudar a entender sobre nuestro destino.
En este punto me interesan especialmente las potencias que libera el archivo, esas imágenes que “dan acceso al pasado” y que sufren constantes relecturas y reinterpretaciones. Esto puede denominarse una “lucha por las imágenes del pasado” como base para la construcción del mundo presente y la proyección del mundo futuro. Sin embargo, por supuesto existen diferentes instancias, instituciones, agentes, dispositivos que organizan el cauce de estas imágenes y producen discursos hegemónicos.
El utilizar imágenes de archivo permite no solo organizar, reencontrar, descubrir imágenes del pasado, sino que, mediante diferentes mecanismos, especialmente el montaje, esas imágenes son reinterpretadas y nos pueden mostrar algo que no hemos visto. En este movimiento, las imágenes perderían su carga disuasoria y opresiva, que muchas veces se basa en una supuesta claridad o nitidez de la imagen. Eso es lo que hace muy magistralmente Álvarez. Pero a la vez, su película, ya como archivo, puede suscitar nuevas asociaciones, producir algo nuevo.


Fotogramas de ¿Qué es la democracia? de Carlos Álvarez
Es el caso, por ejemplo, de una película como El film justifica los medios (2021) (puede verse AQUÍ), en la que Jacobo del Castillo utiliza el archivo de muchas películas de este periodo para contar la historia de este “cine marginal”, de este grupo de cineastas que creó un nuevo cine en la precariedad y la represión. Sin embargo, este documental no se queda en un plano expositivo, sino que desde el montaje crea un universo visual que se desborda del relato. Hay algo en esas imágenes en blanco y negro, escasas y precarias, que nos quiere decir algo del pasado que no hemos entendido. Debemos aprender a escuchar a los espectros.
Estas prácticas de uso de material de archivo y de montaje han tenido un gran desarrollo en los últimos años. Sin embargo, para ubicarnos dentro de una tradición que puede ser denominada como nuestra, desarrollada en un territorio compartido, es necesario saber cuáles fueron esos primeros momentos, y de ahí el valor de una película como ¿Qué es la democracia? de Carlos Álvarez, y de esas imágenes que hemos recobrado. Y esos rostros opacos que hoy nos interpelan y que nosotros podemos interpelar.
3. Los opacos caminos del archivo
7 de agosto de 2026.
Ese día culmina un intenso periodo de algunos meses en el que nos vimos saturados de imágenes violentas y avasalladoras.
Cabezas animadas creadas para aturdir y perturbar.
Ni siquiera muertos que nos acosan del pasado. Ya no hay pasado.
Rostros falsos, construidos, generados artificialmente.
En el periodo electoral para las presidenciales de Colombia en 2026, nos invadieron de imágenes de IA recreando fantasías grotescas de la propaganda de la ultraderecha, junto a la imagen más grotesca de todas, la del candidato creado a punta de marketing político.
Esta especie de “muñeco” (que no tiene carne) ofreció a sus votantes la promesa de un tiempo que no pasa, de una eternidad posible. Esa eternidad es la del espectáculo, una nada donde el devenir de los pueblos y la historia se estancan (lean las notas completas de José 👉 AQUÍ).
La idea ya no es solo vaciar de historicidad las imágenes del pasado u ocultarlas, sino crear imágenes con un presente eterno, vaciadas desde su concepción misma. Una completa banalidad.
Uno ve en retrospectiva ese espectáculo viral delirante que se construyó en meses y se convence de que era basuco para la cabeza aturdida de una generación que creció entre el horror, la precariedad y la cerrazón del provincialismo, y que prefiere seguir aferrada a la fantasía de un mundo que nunca ha existido.
Esos rostros que agobian en su mezquindad y esas imágenes kitsch de IA vinieron a darle la carne falsa a ese mundo de fantasía.
Y me pregunto si además también hay cierto homo criollofashus que tiene totalmente alterada la realidad histórica, que es incapaz de asimilar una progresión histórica, y que en su remplazo pide estos mundos alucinados.
En medio de este agobio, pienso en ¿Qué es la democracia? de Carlos Álvarez y en cómo en sus imágenes vemos el rostro de la oligarquía colombiana cargado de tiempo, de historia.
Pongo entonces juntas esas imágenes: las artificiales y falsas del candidato vaciadas de toda historicidad y las de nuestra oligarquía que en la película de Álvarez se presentan con un peso histórico que se desborda. ¿Cuál es su diferencia? ¿Qué hay en medio de ellas? ¿Qué está en juego?
Está el tiempo humano que el tiempo infinitesimal de los bots intenta borrar.
Está también nuestra mirada que intentan petrificar y volver estéril (siempre vuelvo al mito de Medusa).
Está también la fugacidad de esas imágenes, en su vértigo, que es donde acecha su poder petrificante: pasan tan rápido que no se les puede cuestionar nada, pasan a la velocidad justa para dejar solo una herida en la retina y una desconexión cognitiva.
¿Qué tipo de individuos históricos podemos aspirar a ser en esta situación?
Porque sin duda este mundo de IA, de bots y de algoritmos ha creado un nuevo paradigma visual que tardaremos en entender.
Pero a pesar de este escenario tan pesimista, yo diría que la respuesta está no solo en la pausa (en ir en contra de ese vértigo), sino también en ir en contra de ese vaciamiento, buscando el tiempo histórico que todavía tienen las imágenes conservadas del pasado.
No es estar contra las imágenes sino pensar desde las imágenes.
Debemos buscar su permanencia, recobrar nuestra resistencia retiniana, nuestra atención, los ritmos y las respiraciones del pensamiento, para así abrir esos caminos oscuros, enrevesados, misteriosos de las imágenes para que nos regresen al tiempo.
Creo firmemente que la confusa realidad que tenemos alrededor pasa por la ausencia de imágenes llenas de espectros y de historia.
Hay un exceso de imágenes vaciadas y homogéneas que ya no tienen ninguna función representativa, solo operativa. Su objetivo es el contrario, romper toda conexión con la realidad.


Fotogramas de ¿Qué es la democracia? de Carlos Álvarez
Ese es el motivo de que las imágenes que vi en esa proyección del trabajo de Carlos Álvarez me hayan causado tanta impresión.
Ahora, habitantes de este mundo audiovisual delirante, nos han hecho creer que si no vemos, no creemos. Pero el asunto es que ni siquiera estamos viendo. Puede que ni siquiera estemos ya en una época visual, como diría Montalbetti (lean el ensayo completo 👉 AQUÍ).
Por eso tenemos que esforzarnos en ver la gran diferencia que hay entre esas imágenes cada vez más nítidas de la propaganda y estas otras imágenes opacas y oscuras que no se ubican en ninguna parte.
Esas que quedan flotando en la sala oscura, esperando caer en algún lugar, que hagamos algo con ellas.
Y ahí hay un trabajo para toda la vida: desintoxicarnos de esas luminosas imágenes basuco y tratar de ir hacia esa opacidad. Una lucha contra la deriva.
Porque esto apenas empezó el 7 de agosto.
BIBLIOGRAFÍA
- Campo, O. Nuevos escenarios del documental en Colombia // Kinetoscopio. 1998. № 48.
- Gutiérrez, A., & Aguilera Toro, C. Documental colombiano, temáticas y discursos. Cali: Universidad del Valle, 2002.
- Higuita González, A. Memoria e imagen. Cine documental en Colombia 1960-1993 // Educação & Realidade. 2012. № 37. https://doi.org/10.1590/s2175-62362012000200005
- Martínez Pardo, H. Historia del cine colombiano. Bogotá: Librería y Editorial América Latina, 1978.
- Patiño, S. Acercamiento al documental en la historia del audiovisual colombiano. Bogotá: Colombia, Universidad Nacional de Colombia, 2009.




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